Me gusta pensar que la Unidad Popular, cuyo triunfo en las elecciones presidenciales de 1970 recordamos hoy, fue una gran gran coalición, profundamente arraigada en la historia de nuestro pueblo y que encarnaba las esperanzas de décadas del movimiento obrero y popular chileno. Su virtud era que, además, no se limitaba solo a eso: era la expresión de una amplia cultura progresista que abarcaba a los intelectuales, a artistas, a las universidades, a los jóvenes de entonces y a vastos sectores de las clases medias. Su limitación es que no era suficientemente amplia: no alcanzaba para construir una mayoría.
Me gusta pensar en Allende cuando decía que la revolución chilena debía ser con empanadas y vino tinto, queriendo indicar que ésta debía realizarse de acuerdo con las tradiciones republicanas y democráticas de Chile. Después aprendimos que los cambios sociales, para ser de mayorías, además de las empanadas y el vino tinto, debían contener a la Virgen del Carmen entre sus emblemas. Y, al día de hoy, debiéramos decir que también debieran tener la bandera multicolor de los pueblos originarios.
El Partido por la Democracia es en gran parte hijo de esa reflexión y se siente, por ese motivo, heredero de Salvador Allende pese a haber nacido después de su muerte. En Allende siempre hemos tenido una inspiración y un ejemplo.
Me gusta pensar en Salvador Allende no tanto como el último presidente constitucional del Chile democrático previo al Golpe sino como el primer chileno que resistió a Pinochet, el que sentó de una vez y para siempre la fuerza moral de quienes habrían de resistir a la dictadura durante una larga noche. Allende gastó sus ultimas energías, sus últimas palabras no para defenderse, no para denostar a sus adversarios, sino para cargar la reserva moral de su pueblo, de sus ideas, y en los largos años de horror que vinieron después eso mantuvo viva a mucha gente, les dio esperanza y fortaleza.
Me gusta pensar que cuando Salvador Allende en su discurso final dijo “Pagaré con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria” estaba pensando en ofrecer un ejemplo de dignidad a las nuevas generaciones de chilenos. Al empuñar un fusil no estaba deshaciendo en un día lo que había sido la inspiración de su vida: la conjugación de las aspiraciones de igualdad con la libertad, la construcción del socialismo con las armas de la democracia. Con ese fusil Allende no cambió de camino sino que quiso simbolizar su misión de Presidente que defendió la democracia hasta el último, con su vida, en un enfrentamiento perdido de antemano en el lenguaje de las armas, pero ganado al final en el idioma de los principios republicanos.
Me gusta pensar que estamos aquí todos conmemorando ese día que a algunos de los presentes nos dividió, a nosotros o a nuestros padres, pero hoy lo entendemos de un modo distinto. Ese 4 de septiembre fue posible porque en la sociedad chilena de entonces hubo sueños de justicia y de igualdad que construyeron entre muchos, por décadas, con persistencia, con altos y bajos, sueños que avanzaron y llegaron mas allá de nuestras capacidades políticas de la época y terminaron levantando fantasmas y temores que se transformaron en odio y muerte. Esos sueños dividieron y enemistaron a sectores políticos y ciudadanos que en una gran medida los compartían. De esas heridas y desencuentros nos supimos sobreponer y, en gran parte, si ha existido un entendimiento de centro izquierda durante los últimos 20 años ha sido gracias a que aprendimos esa lección.
Me gusta pensar también por estos días, en las incomprensiones y dificultades que enfrentó Salvado Allende para llegar a ser el líder que fue y para darle forma a ese proyecto ambicioso y único que fue la Vía Chilena al Socialismo. En estos tiempos de la inmediatez, del exitismo, del individualismo, Allende nos recuerda que también hay que saber construir para después, machacar y esperar, que no siempre se puede ganar, que a veces hay que perder para ganar después y que los grandes políticos no son solamente los que brillan en el éxito sino los que saben pararse después de las derrotas.
Me gusta ver las fotos de esa época, los rostros de alegría, de esperanza inocente, cuando todo parecía posible, cuando los chilenos más humildes pensaban que habían tomado la historia en sus manos y que todo iba a cambiar, todo iba a salir bien, como en las películas. Sé que ustedes están pensando que no salió todo bien, vino mucho sufrimiento y fue tanto lo que perdimos, no sólo lo que no logramos alcanzar durante la Unidad Popular, sino lo que ya habíamos logrado y nos fue arrebatado: la democracia, los derechos sociales, los derechos humanos, la organización popular. Y es verdad que así fue. Pero es verdad también que un pueblo que ha podido soñar guarda una ambición en su identidad, una especie de faro que le da sentido a la historia, y que obliga a no caer en el puro pragmatismo, la ironía y el cálculo. Cuando uno ve los rostros de esa época es imposible no conmoverse, no cuestionarse y tratar de ir más allá.
También me gusta pensar algo que es duro de asumir pero que es también estimulante: hace años que venimos pensando que la Unidad Popular ya es historia, que la dictadura militar quedó atrás, pero la verdad es que la transición y nuestros 20 años de gobiernos concertacionistas son historia también y tenemos que empezar a mirarlos como tal. Y pensar en la nueva historia que queremos hacer ahora, la nueva Concertación y la nueva mayoría que debemos construir.
Si alguna vez pudimos reponernos de esa debacle que fue el Golpe de Estado y a todo lo que vino después, tendremos que poder enfrentar este momento y empezar de nuevo, mirar hacia adelante y volver a pensar qué queremos para Chile y cómo lo vamos a hacer.
Allende ya no está, la Unidad Popular tampoco, Estados Unidos, el gran Estados Unidos, está presidido por un hombre negro, y un gobierno de derecha dirige las labores para rescatar a 33 trabajadores desde el fondo de una mina, en medio de los twets de alegria de moros y cristianos. No hay miedo, no hay muertos, solo la pura y simple democracia. El Bicentenario nos pilla en medio de estas sorpresas, pero también en un año de terremotos, debates sobre la tributación minera, accidentes laborales y mapuches en hulega de hambre. Ha cambiado Chile, infinitamente, tenemos que mirarlo de nuevo, pero sigue siendo Chile, profundamente Chile, con sus temas y sus historias de siempre: el cobre, los terremotos, los mineros, los indígenas, las desigualdades.
Recordar el 4 de septiembre es especial este año, me gusta hacerlo más que nunca, porque vemos la historia avanzar, vemos cómo nuestras ideas y la gente que representamos ha ido dejando su huella, hemos pasado momentos de gloria y de desgracia, hemos recibido aplausos y palos, honores y humillaciones, pero al final, las ideas que representamos están bien paradas en la historia de Chile y nuestra labor, ahora, es que levanten una luz en el horizonte, una nueva promesa para nuestro país, para el futuro, para los chilenos de hoy y los de mañana.
Discurso pronunciado en el Homenaje a Salvador Allende a 40 años de ganar la elección que lo llevó a la Presidencia de la República.





Bajo mi visión, Carolina, el Presindente Salvador Allende tenía un contexto a favor para el socialismo que representaba. Por esos años, existía un Chile muy marginal, explotado y con carencias en derechos básicos de calidad y dignidad de vida. Las necesitades de techo, alimentación y abrigo para un porcentaje no menor eran demandas latentes que requerían de un gobierno que defendiera y representara a los más pobres y se enfrentara al capital y a sus cancerberos.
Hoy por hoy, la mayoría de la sociedad más pobre chilena, gracias al cobre (las migajas), las políticas asistencialistas caritativas y al maldito crédito, no presenta las misma demandas que hace 40 años. Un ejemplo claro de aquello es que los niños más pobres de hoy no enferman de desnutrición sino de obesidad.
Recordar a Allende, debe ser un ejemplo de la existencia de liderazgos que buscaba representar a los que no podían defenderse frente a las agresiones de un sistema económico-político. Hoy nos enfrentamos a la violencia de la banca y del retail, nos enfrentamos a la violencia de la agonía de la educación pública, nos enfrentamos a la falta de un proyecto país que oriente un diseño de cuántas y qué carreras tendremos en la educación superior, nos enfrentamos a la atomización de la sociedad, al hedonismo popular, a la ignorancia y a la dispersión de nuestra identidad.
Si pensamos en Allende, debemos también pensar en la médula que provoca que tengamos a los políticos que tenemos y al gobierno que tenemos… más que mal, la democracia ha funcionado y la mayoría del pueblo ha hablado, por más que a muchos nos parece que nos han dicho una grosería en el rostro.
Saludos
Francisco Córdova Echeverría
5 septiembre 2010 en 07:10Ciudadano del Bio Bío y de Chile.
Bonito, pero sólo eso. Allende finalmente se mató para no enfrentar su pésimo gobierno, quizás pensando que alguien se tragaría este discurso poético que de realidad tiene una frase, ni él está vivo ni su coalición que no fue capaz de liderar.
5 septiembre 2010 en 08:58Al final de tu texto escribes: “… pero al final, las ideas que representamos están bien paradas en la historia de Chile y nuestra labor, ahora, es que levanten una luz en el horizonte, una nueva promesa para nuestro país, para el futuro, para los chilenos de hoy y los de mañana.”
¿Cuáles son las ideas están bien paradas? si lo que hicieron fue administrar un sistema creado por la Dictadura de derecha y ahora este gobierno (de la derecha que creo este sistema) le esta revisando la tarea de 20 años y con ganas de rajarlos.
Lo triste es que mientras la historia avanza, hay un pueblo huérfano politicamente. Tragedias como la de los mineros nos dice de una mala calidad de la política de los últimos veinte años, ha sido una actividad de cúpulas, sin participación del pueblo.
La disputa entre la Concertación y la Alianza es quien administra mejor el sistema neoliberal.
Los siento, pero no te creo en tu discurso siendo tu una persona brillante. Una historia de demasiadas concesiones con la derecha y los empresarios y pocas con el pueblo.
Saludos
5 septiembre 2010 en 12:23Es una lastima que personas como Uds. aun utilicen el nombre se Salvador para sacar unos votos mas.Salvador Allende quiso dar una lección de moral,consecuencia y ética a la izquierda.
5 septiembre 2010 en 22:14Que hace esta,a la primera se transforma por unos pocos pesos en administradora del legado Pinochetista.La Historia los juzgará.Pero que valor tiene el juicio de la historia para gente que no tiene ninguna pretensión de trascender.Respuesta ninguna.
En la cultura criolla solo existe el servilismo,no se entiende la consecuencia y la trascendencia.Finalmente me causa un profundo desagrado que personas como Uds. rindan homenaje a una de las mas grandes valores morales de Chile.
Salvador Allende es de todos, es universal. Ciudadano 2020 tienes que estar a la altura de vuestra identidad. No coloques a SA en un pedestal, no hablés por él. Allende es nuestro, del pueblo, de los pobladores, de los jóvenes, de los trabajadores, los mineros, los mapuches, mujeres y hombres, también de políticos jóvenes que asumen roles de responsabilidad y liderazgo y se inspiran en Allende por su legado, espiritu democrático y revolucionario, su caracter libertario, luchador y por cierto tolerante, todos encarnamos un poco de ello, trabajando juntos con tú verdad, con nuestro compromiso y con dirigentes políticos capaces de hace política hoy con principios y consecuencia con nuestros ideales, que nos enseño Allende… Hay que mirar para adelante
7 septiembre 2010 en 12:10